"Todo se hunde aquí", titula esta semana L'Espresso en relación a la crisis de Gobierno que cada vez es más profunda debido a los escándalos sexuales y los desastres, como las inundaciones y el hundimiento de la Casa de los Gladiadores en Pompeya. Ayer, Futuro e Libertà per Italia, el partido fundado por el antiguo aliado de Berlusconi Gianfranco Fini, retiró el apoyo de sus ministros después de que sus llamadas a la dimisión del primer ministro fueran ignoradas. El Gobierno debería ahora permanecer a flote hasta que los presupuestos sean aprobados, algo que se espera suceda antes del 15 de diciembre, pero después le espera un oscuro futuro: la Liga Norte exige elecciones anticipadas, Fini y la oposición de centro-izquierda negocian para que un Gobierno de unidad apruebe una reforma electoral, mientras Silvio Berlusconi ha hablado de disolver sólo la Cámara Baja, donde su coalición ha perdido la mayoría. Sean cuando sean las próximas elecciones, las nuevas alianzas y equilibrios que se configuran a lo largo y ancho del espectro político sugieren que habrá una compleja y agitada campaña, incluso para lo que acostumbra Italia.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.