“Se desata una nueva tormenta presupuestaria sobre el despilfarro de Bruselas”, titula The Times. Aunque el presupuesto de la UE no figura oficialmente en el orden del día de la cumbre del Consejo Europeo de los días 28 y 29 de octubre, el primer ministro británico, David Cameron, “implorará a los líderes europeos que subsistan con sus propios medios y frenen los planes de ampliar un 6 por ciento el gasto europeo global, situándose en 114.000 millones de libras (130.000 millones de euros) al año”. El ala euroescéptica de su propio partido presiona cada vez más a Cameron, exigiéndole el recorte del presupuesto europeo y la devolución de poderes a Reino Unido. El diario londinense apunta que “es poco probable [que Cameron] impida un incremento inferior al 2,9 por ciento, el aumento que ya ha respaldado el Consejo Europeo, según el cual la aportación de Reino Unido aumentará casi 500 millones de libras (572 millones de euros) el año que viene, pese a que los ministerios británicos se enfrenten a unos recortes del 25 por ciento”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.