“Lucha de poder en la cúspide del BCE”, afirma el Handelsblatt. Todos los rumores apuntan a que Dominique Strauss-Kahn, actual presidente del FMI, contaría con el apoyo de París para convertirse en sucesor de Jean-Claude Trichet en noviembre de 2011. “Se supone que esta indiscreción atenta contra el director del Bundesbank, Alex Weber.” Favorito durante mucho tiempo, su crítica a la decisión del BCE de comprar obligaciones de Estados sumamente endeudados le ha valido el ostracismo. “El nombre de Strauss-Kahn da una idea del perfil del próximo director del BCE”, considera el diario. “Un pragmático, no un dogmático. Un gestor de crisis consciente de las necesidades políticas y no un banquero del Banco Central conocedor del peligro inflacionista”. Sin embargo, parece improbable que un francés asuma de nuevo las riendas del BCE. Y el siguiente favorito podría ser Mario Draghi, director del Banco de Italia.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.