Un gobierno ordinario, pero especial”, titula Trouw en primera plana, sobre una foto de la Reina Beatriz rodeada del nuevo equipo en la escalinata de su residencia, el palacio de Huis Ten Bosch. Mark Rutte, primer liberal al frente de un ejecutivo conservador-liberal en 92 años, admite que su gobierno es, sin duda, algo especial (al no gozar de mayoría parlamentaria, depende del apoyo del populista e islamófobo Partido por la Libertad – PVV – de Geert Wilders), aun si su objetivo es el de confortar. “Sobre todo en el extranjero, [Rutte] insiste en precisar que el gobierno de los Países Bajos es normal”, según el diario. Hace justo un mes, Rutte calificó al nuevo gabinete como un “gobierno que hará las delicias de la derecha neerlandesa”, desliz verbal que, ahora, se afana por rectificar: se trataría, de este modo, “de un gobierno abierto de cara a la sociedad, pero también a los demás partidos del parlamento”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.