"Bruselas pretende imponer multas a los Estados laxistas", titula Le Figaro para informar sobre "el arsenal para luchar contra el déficit" presentado el 29 de septiembre en Bruselas. La Comisión prevé imponer un depósito equivalente al 0,2% de su PIB a los países que se alejen de los límites establecidos por el pacto de estabilidad. Dicho depósito podrá convertirse en multa si no tienen en cuenta las recomendaciones europeas. Sin embargo, la activación de las sanciones no será automática, prosigue el diario sino que "una vez decidida, un país sólo podrá bloquear la sanción si logra reunir una mayoría cualificada [en el seno del Consejo] en un plazo de diez días". Si bien todos están de acuerdo en los principios, los Veintisiete, que deben validar estas propuestas, discrepan sobre el grado de severidad de este mecanismo. París aboga por un voto de mayoría simple, menos difícil de obtener, mientras que Berlín "está dispuesto a ir más lejos que la Comisión".
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.