"Todo es diferente en este Prinsjedag", titula De Volkskrant, con motivo del día en que la reina pronuncia su discurso anual sobre la política gubernamental para el año siguiente ante los Estados Generales (parlamento) reunidos en La Haya. Efectivamente, este año es un poco especial ya que el país, tres meses después de las elecciones legislativas, no cuenta aún con un gobierno. Esta es la razón por la cual, explica el periódico, "la reina no tiene nada que decir", "los parlamentarios están relajados" y "no habrá periodistas en búsqueda de la última hora". En su portada, una caricatura de Collignon resume la situación: un coche, conducido por el populista Geert Wilders y empujado por los líderes democristiano y liberal, arranca con el semáforo en verde para dirigirse al Binnenhof (sede del gobierno en Holanda), mientras que la carroza de la reina espera aún con el semáforo en rojo.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.