"Los pueblos hermanos" están "divididos a causa de los inmigrantes", titula el periódico Jyllands-Posten, en cuya portada la sueca Pippi Calzaslargas (protagonista de una serie infantil de los años 70) extiende su mano a un extranjero de piel morena, mientras que la "Madre Dinamarca" observa la escena horrorizada. Así presenta este periódico su particular resumen de un estudio sobre las actitudes de los daneses y los suecos frente a los extranjeros y la inmigración. Según esta encuesta, la primera de este tipo que se hacen conjuntamente, el 65% de los suecos tiene una opinión positiva de la inmigración de los últimas décadas, frente a un 50% de los daneses. Un 20% de los suecos percibe la inmigración (mucho más importante en Suecia que en Dinamarca) como un fenómeno negativo, siendo este porcentaje de más del doble en Dinamarca. Finalmente, un 47% de los suecos no consideran al Islam como un problema, frente a un 20% de los daneses que sí lo cree. La diferencia de actitudes se explicaría porque "los suecos consideran que todas las personas tienen el mismo valor" y "rechazan discutir los problemas de minorías", concluye el periódico.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.