"Hágase la luz", titula Frankfurter Allgemeine Zeitung, resumiendo de algún modo el intenso debate sobre la energía nuclear que actualmente se vive en Alemania. Aprovechando las vacaciones de Angela Merkel, los cuatro líderes del sector energético – E.on, RWE, EnBW y Vattenfall – han desencadenado una batalla para atacar el proyecto del gobierno que pretende introducir un impuesto sobre el combustible de origen nuclear en 2011. Argumentan que su coste, estimado en 2.300 millones de euros al año, reduciría a cero la rentabilidad de algunas centrales y han amenazado simple y llanamente con pararlas, además de exigir que se posponga el cierre definitivo de otras 17 centrales alemanas previsto para 2021. La canciller alemana, atrapada en las redes "de los grandes lobbies", deberá entablar una "ronda energética" en el país, con el objetivo de elaborar "la nueva estrategia nacional de la energía".
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.