¿Hay algo que pueda animar a Europa? se pregunta en portada The Economist. Durante estos 18 meses, marcados por la crisis económica y política, la UE "parece una fuerza que se apaga en el mundo”, opina el diario londinense. Remontándose a la presidencia de la Comisión Europea del "brillante e irascible político francés" Jacques Delors, The Economist argumenta que los líderes de la Unión deben aprovechar esta oportunidad para completar sus iniciativas, "liberalizando la economía y estableciendo un mercado único. Al impulsar el crecimiento económico, la UE podría aliviar sus dificultades políticas y ayudar a sus ciudadanos. En estos momentos, los líderes concentran sus esfuerzos en recortar el gasto: si tan sólo añadiesen una dosis de reforma al más puro estilo 1992."
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.