Barack Obama "tiene la bota sobre el cuello" de los pensionistas británicos, titula The Daily Telegraph. La extraordinaria acusación llega con el despertar de las mordaces críticas del presidente de Estados Unidos hacia la compañía petrolera británica BP, cuya plataforma submarina Deepwater Horizon explotó el pasado 20 de abril y aún continúa expulsando crudo en el Golfo de Méjico. Antes del accidente "BP era la mayor compañía del Reino Unido, con un valor de mercado de 122 mil millones de libras (148 mil millones de euros)". Desde entonces ha perdido 49 mil millones de libras (59 mil millones de euros) de su valor. Los analistas de la City culpan a Obama. "La posición de BP en lo alto de la Bolsa de Londres significa que es el cimiento de prácticamente todos los fondos de pensiones del Reino Unido", señala el diario conservador, "lo que implica que su valor es crucial para millones de trabajadores". BP se ha comprometido a hacer efectivos 7.200 millones de dividendos entre sus accionistas, una medida a la que el gobierno de Estados Unidos se opone frontalmente mientras el pozo deja escapar unos 30.000 barriles estimados al día.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.