Es la “reunión de los que han salido ganando con la crisis”, señala Die Presse en primera página el día que el Instituto Internacional de Finanzas se reúne en Viena. El objetivo de esta reunión, convocada por el director general del Deutsche Bank y a la que se espera que acudan el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, y el inversor norteamericano George Soros, es organizar la lucha frente a cualquier tipo de regulación del sector bancario. Pero el diario vienés nos recuerda que todas las medidas que se han venido anunciado desde el inicio de la crisis ya se han olvidado: la “regulación de todas las Bolsas, productos y actores” anunciada por el G20, el plan para la creación de una autoridad financiera europea, de una tasa Tobin o de un impuesto bancario. El periódico señala que los que han salido ganando de verdad con el salvamento de Grecia han sido los bancos alemanes y franceses. Según Die Presse “hacer lobbying sigue funcionando muy bien” y le aventura un futuro incierto al proyecto “Basilea III”, que obliga a los bancos a aprovisionar más fondos propios para evitar la bancarrota de los gigantes financieros. Los bancos europeos necesitarían 300.000 millones de euros más para hacer frente a sus necesidades de financiación.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.