"Bofetada a los ingleses". Pocos días antes de la inauguración del nuevo museo de la Acrópolis, el 20 de junio, la polémica greco-británica sobre el retorno de los mármoles del Partenón es portada en el suplemento cultural de To Ethnos. El ministro griego de Cultura, Antonis Samaras, ha rechazado la oferta de prestamo avanzada por el British Museum a condición de que los griegos reconozcan que el museo londinense es el propietario de este tesoro cultural: "Aceptar la oferta supondría legalizar la sustracción de los mármoles y el desmantelamiento del monumento hace 207 años", explicó el ministro, citado por el diario. Pero la puerta permanece abierta porque Grecia ha propuesto "continuar negociando" para que "el vacío que dejarán los mármoles en el British Museum sea correctamente sustituido".
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.