"Boquiabiertos" titula en primera página la gaceta Tageszeitung, entusiasmada como el resto de la prensa alemana por el éxito de la joven Lena Meyer-Landruts en el concurso de Eurovisión, el 29 de mayo. El espíritu alemán, actualmente desprestigiado en Europa, ha recibido un consuelo inesperado, "después de que suizos, suecos, noruegos, daneses, finlandeses y españoles dieran 12 puntos a 'Germany'", se alegra Spiegel. "Europa nos quiere. ¿Qué méritos habremos hecho?", se pregunta Die Welt. Olvidada queda la Alemania egoísta que dirige 'la señora no', alias Angela Merkel: "la Alemania con una torpeza encantadora, cosecha simpatía", constata Taz. Incluso el reservado diario Frankfurter Allgemeine Zeitung aprecia que "en estos tiempos difíciles para la UE, la opinión pública europea es capaz de entenderse de forma justa y exenta de escándalo sobre las cuestiones estéticas. [...] El triunfo de Lena [...] demuestra [...] que existe otra moneda en Europa en la que todo el mundo se pone de acuerdo: la moneda humana y artística".
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.