Un mantra recorre Europa. El euro está experimentando su peor crisis de toda la historia. Magazyn, el suplemento de fin de semana del diario de Varsovia Dziennik Gazeta Prawna, ha definido una serie de escenarios sobre el futuro de la moneda única, que puede que no llegue a ver su próximo aniversario. Una de las propuestas es volver a la CEE y a las monedas nacionales. No menos radical es la propuesta de exclusión de Grecia o de reordenar la eurozona, deshacerse de los países endeudados del sur y crear una zona de integración sumamente fuerte compuesta por los países del norte de Europa. Un escenario positivo sería aprovechar la crisis para acelerar la integración y crear un súper Estado europeo. Esta vía parece especialmente sinuosa y llena de baches, dado que significaría “pasar del enfoque centralista francés a un gobierno a nivel europeo”, una idea que no tiene muchas posibilidades de ser recibida con los brazos abiertos por Alemania ni por Países Bajos, por no hablar del euroescepticismo británico. Por otro lado, el diario polaco declara en su portada que “Moscú apuesta por el amor”, haciendo alusión a la visita a Varsovia del ministro de Justicia ruso Aleksandr Konovalov con el fin de sellar acuerdos sobre cooperación económica entre Polonia y Rusia, señal de que el proceso de desbloqueo de relaciones entre estos dos países avanza a buen ritmo.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.