¿Es corrupto el primer ministro eslovaco? La pregunta se hace más necesaria a medida que se acercan las elecciones legislativas del 12 de junio, en las que Robert Fico parte como favorito. Fico debe de explicar una serie de revelaciones sobre los vínculos de su partido (SMER, de tendencia socialdemócrata), con los grupos que en 2002 financiaron su campaña electoral. En esa ocasión, explica Hospodářské Noviny, Fico “consiguió patrocinadores (para su campaña) prometiéndoles importantes puestos políticos y económicos”. Después que el periódico SME publicara un contrato confirmando estas prácticas de clientelismo, Fico ha asegurado, a modo de justificación, que la provisión de puestos a cambio de financiación política es “totalmente legítima”, ante lo que SME comenta que “el presidente del partido y actual primer ministro considera legítimo lo que es una práctica ilegal”. “En un país democrático”, un tal escándalo “habría descalificado a cualquier político para toda función pública”, opina el periódico. Fico ya ha presentado una querella por difamación contra este periódico.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.