"Ultima encuesta: el Partido Laborista pierde una votante", titula The Independent. El 28 de abril, Gillian Duffy, de 68 años y laborista de toda la vida se dirigía a comprar una barra de pan cuando se topó con Gordon Brown en el transcurso de la campaña para las elecciones parlamentarias del 6 de mayo. El encuentro condujo a una metedura de pata que "ya se ha convertido en uno de los momentos más decisivos de la campaña a las elecciones generales de 2010", señala el diario londinense. La Señora Duffy, declarando estar "totalmente avergonzada de ser laborista" se quejó de la deuda pública, de los impuestos que pagan los pensionistas y de "todos esos europeos del este que emigran a Gran Bretaña". Segundos después de que la conversación terminara, Brown, que había olvidado quitarse el micrófono que llevaba en la solapa, dijo a sus asesores: "Esto ha sido un desastre... no tenía que haberme parado con esa mujer ridícula e intolerante". Este comentario ha generado un escándalo al ser difundido a través de páginas web de medios de comunicación nacionales e internacionales y de diversas redes sociales. En su editorial, The Independent apunta que este error puede causar "daños electorales" al reforzar "la extendida visión de que los políticos desprecian a aquellos cuyos votos han de solicitar periodicamente".
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.