"La deriva de Grecia se vuelve pesadilla para Europa", titula Les Echos. El 22 de abril, dos malas noticias han supuesto "una lluvia fría para las esperanzas de una rápida recuperación de las finanzas del país". En primer lugar, el anuncio de Eurostat de que el déficit público griego alcanzó casi el 14% del PIB en 2009, en lugar del 12,7% que se había estimado previamente. Además, la agencia de calificación Moody´s ha revisado a la baja la nota del país. Y como resultado: los mercados nuevamente sacudidos por el pánico, el tipo de interés de las obligaciones griegas disparado y el euro bajo el umbral de los 1,33 dólares. "No es solamente Grecia la que está en riesgo de ahogarse en las aguas de Estigia", comenta Les Echos, "sino toda Europa". Mientras tanto los griegos, hartos de los ataques de la prensa alemana, parecen optar por boicotear los productos alemanes, informa Frankfurter Allgemeine Zeitung, que afirma que las exportaciones alemanas a Grecia disminuyeron un 19,4% en 2009.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.