¿Es posible que Nick Clegg sea el Obama británico? Eso se pregunta The Guardian, tras la muy elogiada actuación del líder del Partido Liberal Democrático en el primer debate electoral televisado de la historia británica, celebrado el 14 de abril. A la vista de que los últimos sondeos sugieren que los liberaldemócratas han subido hasta la segunda posición, por detrás de los tories (30% y 33% respectivamente), parece cada vez más probable que el electorado británico vuelva el 6 de mayo a un parlamento sin mayorías. Pero mientras que la “Cleggmanía” parece ir en aumento, ¿qué paralelismo puede haber entre Clegg, hijo de un banquero y educado en escuelas privadas, y el antiguo senador de Illinois?
Sin duda pocas, escribe el periódico londinense, excepto que tanto a los británicos como a los estadounidenses les gustan las víctimas. “A los estadounidenses les gusta que sus héroes sean víctimas inspiradoras que han de luchar contra fuerzas muy superiores para hacer realidad sus sueños. A nosotros nos gusta que los nuestros sean víctimas no tan inspiradoras que nunca hacen realidad del todo sus sueños.” Las particularidades del sistema electoral mayoritario inglés favorecen a los laboristas y a los tories, de modo que “es casi seguro que Nick Clegg tampoco hará realidad el suyo… Es una versión británica de Barack Obama, pero tal vez eso sólo sea otro modo de decir que es el nuevo Tim Henman”, el popular pero perdedor jugador de tenis británico.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.