El plan de ayuda que los países de la zona euro y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han decidido otorgar a Grecia con el objetivo que ésta sanee su abultada deuda pública, no tendrá otro efecto que el de posponer un tiempo la hora de la verdad para Atenas y para el euro, opina The Economist, para quien "las previsiones a medio plazo sobre la deuda griega son bastante más sombrías que lo que el gobierno griego y la UE quieren admitir". El semanario económico ha calculado que, efectivamente, "incluso con las medidas fiscales iguales al 10% del PIB sobre cinco años, Grecia necesitará nuevos préstamos en el largo plazo o bien reestructurar su deuda". Se trata en este caso del escenario más optimista, subraya The Economist, que opina que los próximos tres años serán cruciales para Atenas, pero también para "las otras economías vulnerables de la zona euro": Portugal, España e Italia. Estos países deben "aprovechar los próximos años para convencer a los mercados de que ellos no son como Grecia" y proceder a aplicar las reformas necesarias, ya que "ni la UE, ni el FMI podrían de ninguna manera permitirse" nuevos rescates financieros.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.