"Rumanía ha cumplido su objetivo de convertirse en la plataforma energética estratégica de la UE en el Mar Negro", es el títular de România Liberă tras haberse firmado el acuerdo entre Rumanía, Georgia y Azerbaiyán sobre la construcción de un nuevo gasoducto que unirá los campos de gas del mar Caspio con Europa. El proyecto, bautizado como White Stream II, "sirve perfectamente a los intereses europeos", ya que "permitirá la conducción de veinte mil millones de metros cúbicos de gas hacia la Unión Europea a partir de 2012" y "pondrá fin a la dependencia europea del gas ruso". Su costo – entre dos y cuatro mil millones de euros- lo convierte en "la opción más interesante para la UE", incluso si hace competencia a Nabucco, el gasoducto -bastante más caro- que debe unir Irán con Europa Central, pasando por Turquía, y que es aún objeto de negociaciones en la UE. România liberă hace destacar otra ventaja para Rumanía: "Es el primer paso que permitirá a Rumanía cambiar el mapa geopolítico del Mar del Negro".
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.