Tras las recientes estadísticas que revelan que uno de cada diez británicos ha nacido en el extranjero, la inmigración se está convirtiendo en un asunto clave en las elecciones generales británicas del 6 de mayo, según informa The Times. El primer ministro Gordon Brown desveló el 12 de abril el programa electoral del partido laborista, según el cual, se tratará de resolver el posible riesgo de que los inmigrantes sin un nivel adecuado de inglés que trabajen en el sistema sanitario puedan poner en peligro la vida de los pacientes. El diario londinense revela que una de las promesas es “exigir que dominen el inglés a todos los nuevos solicitantes de trabajos en el sector público”. El editorial de The Times expone que la inmigración “constituye un maravilloso problema para cualquier país” y se enorgullece de que “sea en este país donde quieran vivir los inmigrantes”. Pero discrepa con respecto a las promesas del señor Brown: “En realidad, no es tanto una política sobre inmigración, sino una mala política sobre la contratación de personal en el sector público. Si un médico no habla inglés, puede poner en peligro la vida de las personas, si un agente de tráfico no lo habla, puede poner en peligro la cohesión social. ¿Pero se debe aplicar a un barrendero? ¿O a un limpiador?”
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.