En noviembre pasado, las encuestas de opinión revelaron que más del 70% de los europeos habrían votado por Barack Obama, y no por John McCain. "Por el contrario, ¿por quién acaban de votar una mayoría de europeos?¿Por McCain?", escribe el periodista y ensayista Jean-Paul Marthoz en Le Soir.
"Confirmando el peso de un Partido Popular europeo hasta los confines del soberanismo más obtuso y del populismo más rancio, una parte decisiva de los electores europeos ha dado la espalda al 'cambio tranquilo' encarnado por Barack Obama". Ciertamente, la mayoría del Parlamento europeo permanece anclada alrededor del eje democrático y moderado, pero para Marthoz, estas elecciones confirman un repliegue nacionalista, identitario y conservador, y marcan un debilitamiento del "soft power europeo" sobre la escena mundial. Un "soft power" hoy en día encarnado por los Estados Unidos.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.