“Giro de ciento ochenta grados del tribunal de apelación”, escribe La Stampa. Los inmigrantes ilegales con hijos que estudian en Italia no pueden evitar la deportación argumentando que ello les causaría un shock emocional. El tribunal desestimó la apelación de un ciudadano albanés alegando que el principio de protección del “desarrollo físico y psíquico” de los niños, que bloqueaba la deportación de padres y madres de niños que asisten a colegios italianos, sólo se aplica en “situaciones de emergencia”. Tras la introducción del delito de inmigración irregular, que redujo el número de “sin papeles” (inmigrantes indocumentados) que asisten a los hospitales en un 30 por cierto, “las escuelas podrían convertirse en otra zona restringida para los extranjeros”, comenta el periódico. La paradoja consiste en “tener derechos pero no poder utilizarlos debido a la amenaza de la deportación. Una pena muy grande, una pesadilla que les lleva a prescindir de la asistencia sanitaria e incluso de los sueldos. ¿Y ahora también de la educación de sus hijos?
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.