Siguiendo la estela de lo que acaba de desvelar The Observer sobre cómo los “desagradables estallidos de mal genio” de Gordon Brown atemorizan al personal de Downing Street, The Times publica un informe sobre “la cultura del miedo” que impera en el corazón del gobierno británico. “Muchos de los funcionarios tienen miedo de oponerse a la forma en la que se dirige Downing Street”, informa el diario londinense. Según una encuesta interna filtrada al periódico, un tercio del personal de Gabinete quiere irse, 6% de ellos dejarían el trabajo “lo antes posible” y menos de la mitad cree que “se pueda decir verdaderamente lo que se piensa”. La encuesta también revela que “el 7% de las 1.270 personas que componen el Gabinete han notificado que han sufrido acoso o algún tipo de intimidación”, una cifra que sirve para respaldar las afirmaciones de Christine Pratt, de la National Bullying Helpline (Línea Nacional de Ayuda contra el Acoso) sobre el hecho de que empleados de Downing Street han utilizado dicho servicio para quejarse de haber recibido un tratamiento inapropiado en el trabajo. El Sr. Brown ha negado rotundamente haber usado la intimidación verbal, e incluso física, sobre sus empleados. “La historia no tiene ni pies ni cabeza”, ha declarado el primer ministro.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.