La UE dio un golpe de efecto al imponer las sanciones anti-Haider. “La aventurada política interior europea” comenzó en enero 2000, recuerda Die Zeit, cuando los 14 Estados miembros decidieron aislar diplomáticamente a Austria y a su canciller, Wolfang Schüssel, si el populista de extrema derecha Jörg Haider era incluido en el gobierno. “La UE no contaba entonces con los medios” de contrarrestar a los antidemócratas, escribe el semanario. “Todo se centraba en la idea que la UE era una comunidad de valores”. Y desde entonces, la UE no ha vuelto a repetir el experimento, acaso por haberse equivocado en esa primera vez. Los tratados existentes no preveían nada respecto a una decisión de ese calado y Viena se quejó por violación del derecho comunitario. Peor aún, “el aislamiento no consiguió el efecto deseado”; la posición de Schüssel se vio reforzada y la UE, menos segura de sí misma, dio por olvidadas las sanciones en septiembre de 2000. “A pesar de todo, bendita sea la dialéctica de la historia, pues nada ocurre en vano”, exclama Zeit, porque “sin aquellas sanciones, Schüssel nunca hubiera podido empujar a Haider a la caída política”. La UE, mientras tanto, logró establecer en el Tratado de Lisboa los medios de intervenir para proteger la democracia, el Estado de derecho y las minorías.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.