Un atemorizado Gordon Brown ha volado hasta Irlanda del Norte en un intento de acabar con el estancamiento en la transferencia de los poderes de policía y justicia de Westminster a la provincia anteriormente destrozada por la guerra, titula en portada el diario Belfast Telegraph. Acompañado por el primer ministro irlandés Brian Cowen, Brown dirigió las negociaciones entre el primer ministro Peter Robinson del Partido Unionista Democrático (DUP) y el viceprimer ministro Martin McGuinness del Sinn Féin “hasta la madrugada”. Esta “drástica intervención” se produce en medio de los temores de que el Sinn Féin pueda “derrumbar las frágiles instituciones de poder compartido” en las que, según los términos del acuerdo de paz de Saint Andrews, ambos partidos, hostiles entre sí, deben gobernar conjuntamente la provincia.
En caso de que el DUP no “esté de acuerdo en la rápida transferencia de los poderes desde Westminster”, se teme que el Sinn Féin convoque unas elecciones precipitadas de la asamblea de Irlanda del Norte. Con el voto de los unionistas de Irlanda del Norte actualmente dividido por la aparición de la nueva agrupación política Traditional Unionist Voice, que considera a al DUP demasiado indulgente con los ex-terroristas, el Sinn Féin es el que más puede ganar en unas elecciones en las que podría convertirse en el mayor partido de la provincia, con Martin McGuinness, antiguo comandante del IRA, tomando las riendas del Estado que había intentado derrocar.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.