El 20 de enero se inició en Amsterdam el juicio contra Geert Wilders. El líder del partido de derechas holandés, Partido por la Libertad [Parti De la Liberté], se enfrenta a la acusación de incitación al odio y a la discriminación por unos comentarios realizados en diversos medios acerca de los musulmanes y de sus creencias. El diario De Volkskrant muestra su sorpresa ante el nombre de uno de los 18 testigos llamados a declarar por Wilders: Mohammed Bouyeri, el asesino del director cinematográfico y columnista Theo van Gogh en 2004. Con la declaración de Bouyeri, explica el periódico holandés, Wilders pretende demostrar que “el Islam es en esencia una religión malvada.” El diputado holandés también reclama la comparecencia de Robert Spencer, director de Jihad Watch, de dos ayatolás iranís y del imán Fawaz Jneid, quien condenó a Van Gogh poco antes de su muerte. Según De Volkskrant, los argumentos de la acusación son del todo inusuales: el juicio “debería girar alrededor de si los comentarios de Wilder constituyen una ofensa” señala el diario. La fiscalía no parece verlo del mismo modo. “El fiscal Paul Velleman considera razonable examinar si los comentarios de Wilders tiene algún fundamento.”
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.