“El dibujante del JP tendrá su guardaespaldas personal”, es el titular del Jyllands-Posten tras el intento de asesinato contra Kurt Westergaard, el primero de enero, a manos de un somalí armado con un hacha. Es la tercera tentativa de asesinato contra el caricaturista que, en 2005, dibujó una caricatura de Mahoma con una bomba en el turbante. El agresor, radicado en Dinamarca desde 1995, estaba siendo vigilado por los servicios de inteligencia daneses que sospechaban de su implicación en las organizaciones terroristas Al Shabab y Al Qaeda en África Oriental.
En una editorial publicada el domingo, el Jyllands-Posten señala que “es necesario defender sin ambages el derecho a ofender los sentimientos religiosos”. Evocando el hecho de que, contrariamente a la opinión general de la población, la gran mayoría de los musulmanes daneses consideran que habría que castigar este tipo de ofensa, el diario opina que “se trata de una batalla cultural con riesgos considerables. Cabe constatar que si bien la blasfemia es un crimen sin víctima, Westergaard ha estado desgraciadamente cerca de convertirse en víctima de un crimen”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.