El 9 de diciembre Irlanda se prepara para afrontar el presupuesto más draconiano de la historia del país. Para mantener contento al mercado internacional de obligaciones, el gobierno pretende reducir el déficit público de la nación, agobiado por las deudas, más de un 12% del PIB, es decir, el equivalente a 4.000 millones de euros. El primer afectado hoy es el sector público, que puede esperar un recorte en los pagos de 1.300 millones de euros. Según el diario Irish Independent, las prestaciones sociales también se encuentran en el punto de mira, con los recortes que tiene planeados el primer ministro Brian Cowen, incluido una reducción del 10% en subsidios familiares. La única buena noticia, tal y como revela la portada del diario de Dublín, es que también se reducirá el impuesto sobre las bebidas alcohólicas. Esto se traducirá en una reducción del 10% en el precio de una pinta y así se contribuirá a la amnesia pública con respecto a la mala gestión financiera de los gobiernos del Fianna Fail en los años del Tigre Celta.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.