Miles de manifestantes se dieron cita ayer, 6 de diciembre, en las calles de las principales ciudades de Grecia para rendir homenaje a Alexis Grigoropoulos, de 15 años, fallecido hace un año víctima de los disparos de un policía. Para evitar nuevos disturbios como los que se desencadenaron tras su muerte, el nuevo gobierno socialista, que lleva dos meses en el poder, ha optado por una política de “tolerancia cero”, apunta el diario Ta Nea: así, se desplegaron cerca de 10.000 policías en Atenas para cercar a unos 200 jóvenes decididos a sembrar el caos desde la Universidad.
Encargados de velar por la protección de ciudades y ciudadanos, las fuerzas del orden procedieron a un número récord de interrogatorios, titula el diario, según el cual, pese a todo, se destrozaron numerosos escaparates y varios manifestantes y policías resultaron heridos. El rector de la Universidad de Atenas, agredido por los jóvenes, fue hospitalizado de urgencia a consecuencia de una afección cardiaca. Hoy, lunes, se han reanudado las manifestaciones en varias de las ciudades más importantes, marcadas por un clima de tensión.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.