Oficialmente, no se trata de una "reestructuración", sino de "consolidaciones de funciones". La empresa alemana DHL acaba de anunciar a 788 de sus empleados en Bélgica que sus puestos de trabajos se van a desplazar a Praga, Leipzig o Bonn. Esta deslocalización se añade a los 2.000 puestos que penden de un hilo en la fábrica de Opel de Anvers y al despido de 43 empleados de Sanofi en Diegem. Bélgica, sede de un gran número de empresas extranjeras "ya no tiene control sobre sus empleos", se inquieta Le Soir, que duda de la "conveniencia de la política económica belga de estos últimos veinte años". "No ha habido mucha gente que se preocupara por la salida de los grandes centros de decisión económicos de nuestro país", revela el diario de Bruselas, ni por exigir como mínimo el mantenimiento a largo plazo de las implantaciones belgas. "El país, alienado por sus conflictos comunitarios y moldeado por un sentimiento europeo que raya la ingenuidad, ha tolerado la venta de las joyas de la familia".
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.