El 25 de noviembre aterrizaron en Praga una veintena de inspectores de la Comisión Europea. Una hora más tarde, según explica en portada Lidové Noviny, “Bruselas desembarca en la sede de ČEZ” para realizar una inspección. La Comisión sospecha que la compañía eléctrica checa podría estar infringiendo las reglas europeas de la competencia en el mercado de la energía.
Pero el periódico adelanta que la verdadera razón de este control podría ser “la rivalidad de ČEZ y Czech Coal”, un intermediario energético. Si ČEZ fuera declarada culpable de abuso de posición dominante, podría tener que pagar hasta 18.000 millones de coronas checas de indemnización (alrededor de 720 millones de euros). Y tal como observa Lidovvé Noviny, el dinero saldría de las arcas del Estado checo, su principal accionista. “Bruselas ha sido invitada a una guerra local”, comenta el periódico, para el que el asunto se inscribe en el actual contexto de enfrentamientos entre partidos políticos.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.