En Francia, es la polémica del momento: consternado por los términos antisarkozystas de la escritora Marie NDiaye –quien ha sido galardonada con el premio Goncourt 2009- un diputado de la mayoría, Eric Raoult, ha reclamado al ministro de cultura una “obligación de reserva” para los laureados del premio literario francés más prestigioso. En una entrevista concedida a la revista Les Inrockuptibles en agosto de 2009, Marie NDiaye dijo que había decidido vivir en Berlín en gran parte por su aversión hacia el presidente de la República: “Odio esa atmósfera de exceso policial, de vulgaridad...”, declaró la escritora. El diario Libération considera que “esa propuesta de censura traduce el clima que reina actualmente en la derecha y en el gobierno” y da la palabra a la escritora y al ministro, Frédéric Mitterrand, quien afirma no querer “entrar en esa política ridícula”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.