Por ahora no son más que rumores, pero, pese a todo, el debate sobre un impuesto directo europeo se ha abierto camino hasta la primera plana del diario Die Presse. La Comisión Europea, cansada de pelearse año tras año con los Estados miembros reticentes a pagar su contribución a la Unión e incitada por la coalición de los “contribuyentes netos” (Alemania, Austria y Países Bajos), quiere emanciparse y recaudar sus propios impuestos. Según el rotativo vienés, esta vez, el debate que otrora se percibiera como “el monstruo del Lago Ness que se dejaba ver todos los años en aguas de Bruselas para irse igual que vino” podría perpetuarse. Con el debilitamiento de las economías por la crisis financiera, "el endeudamiento de los 27 podría alcanzar el 100% del PIB europeo", alerta la Comisión, frente a lo cual, debe o bien reducir su presupuesto (en la actualidad de 116.000 millones de euros) o bien recaudar sus propios impuestos. Se barajan tres fuentes en el seno de esta institución: un impuesto sobre las operaciones financieras, otro sobre el valor añadido y otro sobre los carburantes.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.