Los consumidores holandeses disponen de una nueva herramienta para ejercer su consumo de carne de manera responsable: “La etiqueta por el animal y el entorno”. Según publica el periódico Trouw, este pequeño cartón con forma de tarjeta de crédito, evalúa cada alimento de origen animal en función del bienestar del animal y de la huella ecológica del producto [huella de carbono]. De este modo, se puede observar que la huella de las aves es relativamente débil, si bien la cría de gallinas y pavos se lleva a cabo en muy malas condiciones.
Los numerosos distintivos existentes “tienen en cuenta una única dimensión, mientras que el consumidor necesita tener una visión de conjunto”, explica al diario Trouw un portavoz de la asociación Varkens in Nood (“cerdos en peligro”), impulsores de la iniciativa. Hace tiempo que los consumidores holandeses están sensibilizados con el sufrimiento animal en la industria intensiva y reclaman una reducción del consumo de carne, pues “el empleo de agua, la pérdida de biodiversidad y las emisiones de gas de efecto invernadero” ligados a la cría de animales son muy importantes.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.