“Alemania tiene un nuevo gobierno”, anuncia un titular de Gazeta Wyborcza. La noticia se recibe especialmente bien en Varsovia, porque el acuerdo firmado por la nueva coalición promete "asegurar que la cooperación polaco-germana contribuya a generar un impulso renovado para el desarrollo de Europa". Tal y como explica el informe en el diario liberal: "Los políticos alemanes nunca habían mencionado anteriormente las relaciones con Polonia en un documento de tanta importancia". Según el acuerdo de coalición, el nuevo gabinete de la Canciller Angela Merkel se esforzará por reactivar el triángulo de Weimar, un foro de cooperación polaco, alemán y francés.
Para un diplomático polaco, que ha preferido permanecer en el anonimato, "se trata de una iniciativa sin precedentes que demuestra lo mucho que valora Berlín una mayor cooperación con Varsovia". Bartosz T. Wieliński, corresponsal del diario en Berlín, insiste en que ahora se pueden realizar progresos: "Una vez que se haya formado el nuevo gobierno alemán, Berlín y Varsovia deberían dejar a un lado las disputas históricas y centrarse juntos en Europa". Incluso si sostienen diferentes opiniones sobre las relaciones con Rusia o Estados Unidos, estas cuestiones no deberían afectar a su cooperación dentro de la Unión Europea. "Puesto que Alemania es el estado de mayor tamaño en la vieja Europa y Polonia lo es en la nueva Europa", el eje polaco-germano debería desempeñar una función fundamental en el impulso para motivar a una comunidad europea más amplia, expone Wieliński.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.