Standard&Poor's ha puesto a principios de esta semana la deuda soberana húngara “bajo vigilancia negativa”. Esta decisión ha provocado la reacción inmediata del primer ministro Viktor Orbán, que declaró que “Hungría no necesita ningún acuerdo de préstamo con el FMI. Si el FMI regresa al país, yo me voy”, informa Hirszerzö.
"¿Pero dónde estamos en realidad?”, se pregunta el sitio web de actualidad. Porque la moneda nacional está en caída libre: el 17 de noviembre, un euro valía 316 florines; en marzo de 2009, cuando se necesitaban 317, Hungría pidió ayuda al FMI. En cuanto a la deuda pública, alcanza un 76% del PIB, y los “economistas y banqueros del FMI consideran que un futuro compromiso es inevitable”.
El país va mal, reconoce Hirszerzö. Pero el sitio web niega que “por amor a la libertad económica”, los húngaros paguen el precio “de un nacionalismo fracasado”. Es preferible “revisar a la baja las previsiones de crecimiento, y si la llegada del FMI significa la salida del primer ministro, entonces ¡que se vaya!”
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.