En plena crisis económica y climática, nunca antes las suspicacias de los contables habían merecido tanta atención como en la excelsa democracia de la que goza Gran Bretaña. En la jornada siguiente a la apertura de “la madre de todos los parlamentos”, la prensa y los medios británicos vuelven a embarcarse en una refriega más que justificada sobre los gastos declarados por los parlamentarios. Entre un aluvión de titulares en primera plana, el Daily Telegraph encabeza el regodeo generalizado publicando que el Primer Ministro Gordon Brown deberá devolver 12.500 libras (13.544 euros) al Fisco británico en concepto de “gastos excesivos en limpieza, jardinería y decoración”. Fue el propio Brown el que estableció este verano una investigación independiente encomendada a Sir Thomas Legg, la misma que ha terminado por pedir cuentas a más de 500 parlamentarios respecto al reembolso de sus gastos. Nick Clegg, líder del partido Liberal Demócrata, también deberá devolver las 910 libras que se gastó en jardinería. En el otro bando, el representante conservador David Cameron ha mostrado poca inclinación por el relajante arte de la horticultura y sólo tendrá que presentar copias del pago de los intereses de su hipoteca durante el año 2006. Son debates como éste los que ejercerán una enorme influencia sobre el electorado en la cita que Gran Bretaña tiene con las urnas en 2010.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.