“La ecología revienta la pantalla” titula La Croix en primera página cuando en las salas francesas se estrena 'El síndrome del Titanic', un documental de Nicolas Hulot, el ecologista más mediático de Francia. En un alegato por salvar del naufragio al planeta y a la humanidad, la película denuncia los desajustes climáticos, la globalización de la economía, el exceso de consumo, la sobreexplotación de las materias primas, etc.
'La pesadilla de Darwin', de Hubert Sauper; 'Una verdad incómoda', de Al Gore (el tercer documental más visto en la gran pantalla); 'Nosotros alimentamos al mundo', de Erwin Wagenhofer; 'Home', de Yann-Arthus Bertrand… “en menos de cinco años, los documentales sobre temas medioambientales han invadido los cines”, observa La Croix. No obstante, más allá de este gran éxito de taquilla, el género sigue relegado a un nicho. “Este tipo de películas pertenece a un micromercado: si no te llamas Al Gore, Nicolas Hulot o Yann Arthus-Bertrand, ¡más vale que sepas innovar!” apunta la programadora de un festival de cine medioambiental que cita el diario francés.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.