"Jugada de póquer con el dinero de los contribuyentes", titula De Morgen. El diario flamenco anuncia que los Gobiernos francés, belga y luxemburgués han llegado a un acuerdo, el 9 de octubre, sobre el desmantelamiento del banco Dexia. El Estado belga deberá tomar el control al 100% del Dexia Banque Belgique (DBB), la entidad belga de la compañía especializada en la banca minorista, por un valor de 4.000 millones de euros. "Un precio juzgado como razonable", escribe L'Echo, que cita al ministro de Finanzas Didiers Reynders: "Bélgica quería 3.000 millones, Francia 8.000..."
Pero aunque esta tasación se sitúe por debajo de los números manejados en un principio, el Estado federal deberá "ser garante por una cifra entre 50.000 y 60.000 millones de euros por las pérdidas potenciales de las inversiones tóxicas de Dexia". Bélgica será garante del "banco malo" que absorberá estos activos tóxicos en un 60,5% mientras que Francia garantizará el 36,5% y Luxemburgo el 3%.
"Los economistas advierten acerca de una posible degradación de la calificación belga y, por tanto, de un aumento de su deuda soberana", subraya De Morgen, que estima que "los contribuyentes belgas se arriesgan a pagar un precio de oro por el rescate de Dexia". El 8 de octubre, la calificación belga ha estado bajo vigilancia negativa por la agencia de calificación Moody's.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.