La "Revolución de los jazmines", que ha marcado el fin del régimen de Zine El Abidine Ben Ali en Túnez, ha sido obra fundamentalmente de los jóvenes (el 60% de la población tiene menos de 30 años), de los estudiantes o titulados (el 34,6% de las personas entre 19 y 24 años) y de los desempleados (el 30% de los jóvenes está en paro y de ellos el 22% posee titulaciones universitarias), que además son muy activos en Internet (el 33,4% de la población tenía acceso a Internet en 2009).
Sin perspectivas profesionales, y por consiguiente familiares, y prisioneros de un sistema político-económico cerrado y corrupto, han tomado las riendas de su destino y han asestado un golpe al sistema, con la esperanza de acabar con él.
En la otra orilla del Mediterráneo, millones de jóvenes con titulaciones universitarias hacen malabares con empleos precarios (si tienen la suerte de encontrar uno) y se chocan contra sistemas político-económicos anquilosados o cerrados, sobre todo en Italia o Grecia. Si bien su situación es sólo comparable en parte a la de sus compañeros tunecinos, su malestar ante el futuro es, hasta cierto punto, igual de importante.
Y si bien ellos no se plantean derribar los regímenes democráticos actuales, su revuelta se refleja en el desinterés hacia la política (los jóvenes con edades comprendidas entre 18 y 24 años son los que menos votan) y en la adhesión a partidos con posturas más contundentes. Pero aún así, siguen siendo capaces de expresar colectivamente su cólera, tal y como pudimos ver en las manifestaciones celebradas por toda Europa en otoño.
Sin embargo, su revuelta no llega a afectar a los responsables políticos, ya que los jóvenes actualmente son minoritarios (sólo un europeo de cada cinco tiene menos de 20 años) y están lejos de la masa crítica necesaria para que las elecciones políticas se vuelvan a su favor.
Los líderes europeos parecen ser perfectamente conscientes de ello y su actitud ante los jóvenes, que se manifiesta entre otras cosas por el recorte sistemático de los presupuestos de educación e investigación, demuestra la importancia que les atribuyen. Pero si se puede aprender una lección, entre otras muchas, de la "Revolución de los jazmines", sin duda es la constatación de que, si no se trata debidamente a los jóvenes, tarde o temprano la situación explota.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.