Según algunas fuentes, los gritos se escucharon hasta en los pasillos. Durante el Consejo Europeo del 16 de septiembre, Nicolas Sarkozy y José Manuel Barroso habrían mantenido una "enérgica conversación" con respecto a la política de expulsión de los gitanos adoptada por Francia y a la amenaza anunciada por la comisaria Viviane Reding, responsable de Justicia y Derechos Fundamentales, de llevar a Francia ante el Tribunal de Justicia Europeo.
El presidente francés, al que ya llamó al orden el Parlamento Europeo el 9 de septiembre, ha optado claramente por enfrentarse a las instituciones europeas. Las autoridades francesas, al poner en duda la legitimidad de los eurodiputados a expresarse, al atacar a Luxemburgo, país de origen de Viviane Reding y al negarse a permitir que la Comisión desempeñe su función de vigilante de los tratados, arremeten aún más contra una Unión que no necesitaba nada de esto.
En primavera, Alemania impuso sus condiciones a la ayuda financiera a Grecia, con lo que dejó que surgieran grandes dudas sobre la continuidad del euro. En otoño, Francia hace como si los Estados miembros pudieran hacer caso omiso de las normas y actuar sin que los Veintisiete y las instituciones comunitarias puedan garantizar el respeto del derecho y los valores de la UE. Casi un año después de la ratificación del Tratado de Lisboa, que debía marcar una nueva era para la UE, los países que hicieron todo lo posible por su adopción, a veces incluso en contra de la opinión de sus ciudadanos, se comportan como si la UE ya no fuera el marco político y jurídico que nuestro continente eligió para resurgir tras la Segunda Guerra Mundial.
Tras esta reunión en la que la cuestión de los gitanos ha generado una de estas crisis violentas e inútiles que marcan el ritmo de la vida política, se ha hecho público un comunicado sobre la diplomacia europea, las asociaciones estratégicas que establece y sobre la reflexión relativa al gobierno económico. Toda una serie de asuntos importantes que sin duda los jefes de Estado y de gobierno no han tenido tiempo de analizar. Estamos lejos de haber salido de la era de los egoísmos nacionales.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.