La UE, una navaja suiza
Presseurop
6 julio 2012
No sólo los aportes de los clásicos sirven para comprender la situación actual. Existen intelectuales contemporáneos, como el español Eduardo Mendoza, que siembran reflexiones que se ciñen a la realidad europea y que ayudan a entender muchos de sus problemas. "Sin noticias de Gurb", un pequeño libro que cuenta la historia de dos extraterrestres que llegan a Barcelona en 1991, da muestra de ello.
De darse hoy el aterrizaje, Gurb y el excéntrico capitán encontrarían una sociedad un poco más moderna, con un apellido común; Europa, y su asombro no vendría sólo de notar todos los elementos que tiene una navaja suiza, tan maravillosos e inútiles a la vez; "quién lo iba a decir, con lo serios que parecen los suizos". Una mirada al ordenamiento interior de la Unión Europea, a sus normas y a sus instituciones en vigor, les mostraría la dimensión continental de este defecto. Seguirían sin comprender que los humanos gusten de este tipo de artilugios: un fondo de rescate que no rescata, un Parlamento Europeo sin una constitución europea, una moneda común pero concentrada en unos pocos… Sin embargo nadie les diría que los eurodiputados no muestran ínfulas de seriedad o que los dirigentes de las instituciones europeas no organizan reuniones de altísimo nivel e importantísimos asuntos por resolver. Tal y como con una navaja se podría pescar para sobrevivir, con un debido funcionamiento de las instituciones (Banco Central Europeo, fondos, entidades de control) los países miembros en dificultad se podrían aliviar.
Como en 1991, el infortunado capitán caería en zanjas abiertas por las empresas de servicios públicos. Esto le mostraría las dos realidades de Europa (¿las dos velocidades de Merkel?) a la perfección. Mientras al sur de la Unión sucedería porque los capitales amenazados son mayores y los dineros para culminar las obras menores, en el norte pasaría porque aplican teorías (como el multiplicador económico) similares a las que a comienzos del siglo pasado Keynes adaptó a la recesión. Si viajara a París en tiempos de crisis, encontraría toda calle que hubiese tenido inicios de agrietamientos dispuesta a estrenar pavimento (al incrementar la inversión pública, el dinero inyectado genera plusvalía gracias al mayor nivel de ocupación y de consumo, lo que lleva a una multiplicación del capital puesto en circulación; sin embargo a los países en crisis se les pide recortar este tipo de gastos). Y si no entendía que quienes tenían muchas pesetas pertenecían a una clase diferente (siendo una especie biológicamente homogénea), el asunto del euro, Bruselas, Berlín, los Estados ricos y los pobres no tendría asidero lógico alguno para él (como no debería para nosotros). Preguntándose cómo estaría la situación en 1992, este forastero, venido de un planeta del que lo único que se sabe es que no es ni Marte ni la Tierra, reveló el porqué de las crisis de la humanidad: su elemental aritmética no permite, así de este modo se desee, calcular (bien) la variable tiempo; el éxito de los proyectos es imposible de calcular.
El 2012 podría conducir también a la prostitución de Gurb y a la caída del capitán en todos los vicios terrenales. Sin embargo el desorden y la repugnancia aparentes son engañosos, la moraleja de Mendoza es clara y se discute hoy también: es esa de saber vivir. El problema radica en que algunos no lo entienden, como los que se aprovechan del vocablo inglés "pig" (puerco) para descalificar a los países en dificultad: Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España (Spain), PIIGS (¿por qué no GIIPS?). Estos foráneos lo entendieron y se quedaron en la Tierra, lo raro es que muchos terrícolas no. Las dificultades de los socios no deberían ser oportunidades de negocio para los más pudientes, es una idea contraria al espíritu mismo de este amasijo de naciones. Mendoza remata una ida a misa del capitán citando una obviedad que en el sermón el padre había dictado: "no confiéis en aquellos que os engañan; confiad más bien en aquellos que no os engañan"…
Tomás Durán es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad del Rosario (Bogotá, Colombia), con maestría en Medios y Comunicación por el Institut Français de Presse (Panthéon-Assas, Paris 2)