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7.945 euros por hogar es la cifra que delimita la pobreza en España. Los datos del Instituto Nacional de Estadística determinan que casi 8 millones de personas en el país se encuentran por debajo de este umbral, lo que supone un 19.5% de la población total. En Europa 85 millones de personas (el 17% de la población) carecen de los recursos necesarios para cubrir sus necesidades básicas, por lo que los datos a nivel comunitario no son mucho más alentadores. El grupo social más expuesto, son los niños.
En este contexto, la Unión lanza el “Año europeo contra la pobreza y la exclusión social”, una iniciativa que ha quedado eclipsada por otras de mayor urgencia pese a que al 73% de los europeos considera que la pobreza es un problema extendido en su país, según una encuesta de Eurobarómetro.
En España, con un 18,8% de parados en el mes de marzo, se duplica la cifra de desempleo de los países de la Eurozona. Uno de los efectos de esta alta tasa de paro es la aparición del “precariado” o de una nueva condición infrasalarial, tal y como señala Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique. Ante la mala situación del mercado laboral, surgen fórmulas de empleo inestables, efímeras y mal remuneradas, resquebrajando el Estado de bienestar en Europa.
Por otro lado, la pérdida del puesto de trabajo puede desencadenar un proceso cuyo fin no es otro que la exclusión social. Algunos de los que creyeron hace unos años que podrían ser propietarios de un hogar se encuentran hoy ahogados por hipotecas a las que, desde el paro, no pueden hacer frente. Esto ha propiciado la aparición de “migraciones domésticas”, reagrupamientos familiares, camas calientes y habitaciones subarrendadas.
Quizás sea por todo esto que el “Año europeo contra la pobreza y la exclusión social” pasa desapercibido a los ojos de los ciudadanos de la Unión. Tienen cosas más importantes de las que ocuparse.
María Gallar Sánchez

