Economía

Crisis de la deuda: ¿Quién calma a las agencias de calificación?

7 julio 2011
Público Lisboa

Chauzy (Libération)

Raudos a la hora de denunciar el "oligopolio" de las agencias de calificación crediticia, los responsables europeos han sido hasta la fecha incapaces de tomar medidas concretas para contener el poder de éstas, lamenta el periódico portugués Público.

El 6 de julio, un grupo de responsables políticos de la Unión Europea llegó a denunciar públicamente el “oligopolio” (en palabras del ministro alemán de Finanzas Wolfgang Schäuble) de las agencias de calificación financiera. Ahora que la deuda de Portugal acaba de descender al nivel de "bonos basura", a la incomprensión, a la indignación y a las críticas se les añade la promesa de Wolfgang Schäuble de que la UE va a “realizar esfuerzos” para acabar con el poder devastador de estas agencias en la eurozona.

La promesa podría ser creíble si no se hubiera repetido hasta la saciedad. Desde 2008, los dirigentes europeos multiplican las amenazas contra las actuaciones absurdas de estas agencias, sin que se haya adoptado ninguna medida concreta para impedir que hagan daño. Mientras que Estados Unidos ha modificado su normativa bancaria para reducir su poder y China directamente ha creado una agencia nacional, Europa nunca ha ido más allá de sus buenas intenciones, con lo que refuerza así la impresión de vacío de ideas y de poder que se transmite desde Bruselas, París y Berlín. 

Ante este vacío, es normal que las agencias se crezcan e intenten explorar al máximo la vulnerabilidad del euro. Actualmente lo que está en juego no son sólo las dificultades de Portugal (por no hablar de las de Grecia) para cumplir sus compromisos: de la acción de las agencias se desprende una cierta necrofilia que les hace comportarse como buitres planeando por encima de la frágil moneda única. Europa, incapaz de mantenerse a flote y mostrando al mundo cada día una nueva prueba de su confusión, tan sólo reacciona cuando se encuentra acorralada. Por su parte, las agencias, al constatar la gran fragilidad de los que han amenazado con luchar y que reconocen las pérdidas para los inversores privados en la reestructuración de la deuda griega, actúan de la manera más natural: aumentan la presión y extienden su ofensiva. Cuando la política se arrodilla ante la fuerza organizada de los capitales financieros, no podemos esperar gran cosa.