Görlitz es la ciudad más oriental de Alemania. Esta población, rica en monumentos históricos, cultiva su lado retro sin dejar de mirar hacia el futuro junto con Zgorzelec, su gemela polaca situada en la otra ribera del río Neisse.

La ciudad de Görlitz, en Sajonia, es una rareza temporal. Situada en el meridiano 15, marca con precisión la hora que rige en el corazón de Europa Central. Sin embargo, allí el tiempo no transcurre igual que en otros lugares.Esta ciudad – que no aparece en ningún mapa alemán, ni siquiera como punto de acceso a la autopista, ni como lugar de producción –  desprende un halo de autenticidad.

Uno puede pasear entre calles bordeadas por casas que datan de la fundación del Imperio, entre los edificios renacentistas (restaurados cuidadosamente) y encontrar obras barrocas y residencias Art Nouveau como las que ojearía en las páginas de un gran libro de Historia. Y uno se pregunta si aún hay gente que vive aquí, en este barrio que se salvó de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Una cuestión que surge del sentido práctico y de nuestra objetividad moderna, y que resulta tan apasionante como fuera de lugar. ¿Pueden mentir los casi cuatro mil edificios clasificados como monumentos históricos?

La imaginación se deja seducir fácilmente por el ambiente de la ciudad. El joyero a la entrada del mercadillo se llama “Handwerkerey”, y ofrece, además de las clásicas alianzas y piezas de relojería, algunas obras de metal forjado como enganches para colgar relojes solares o pulseras con motivos celtas. Al fondo de la tienda, encontramos bancos de madera recubiertos de pieles.

Esta sensación de estar detenido en el tiempo no ha escapado a la industria cinematográfica. Quentin Tarantino ha elegido este viejo mercadillo histórico para grabar una de las escenas de tiros de su última película “Malditos Bastardos”, en la cual Görlitz y sus 58.000 mil habitantes representan París bajo la ocupación nazi.

Görlitz se encuentra en la ribera del río Neisse y dos puentes la comunican con la ciudad de Zgorzelec, en Polonia. Zgorzelec fue en otros tiempos un barrio de Görlitz, antes de pasar al otro lado de la frontera en 1945.  Este espacio representa a  Europa en su máxima expresión. Görlitz es la ciudad más al este del territorio alemán y la frontera con la República Checa se encuentra a pocos kilómetros hacia el sur. Este aislamiento extremo no hace más que reforzar la impresión de una vida atemporal. De hecho, aquí uno está lejos de casi todo.

Incluso para los habitantes de Dresde, Görlitz se encuentra lejos, detrás de las montañas, y los berlineses tienen que llegar en un vetusto tren hasta Cottbus antes de poder coger el tren de la Ostdeutschen Eisenbahngesellschaft en dirección al sur y atravesar las landas de Muskauer Heide, donde hasta hace poco aún se cazaban lobos.  Dicho de otra forma, antes de llegar a Görlitz hay que pasar por varios parajes salvajes.

En la Edad Media, la ciudad estaba situada en el cruce de una importante ruta comercial, la Via Regia, que unía Kiev con Santiago de Compostela. De hecho, gracias a esta ruta hizo su riqueza ya que numerosos fabricantes de fulares vivían aquí.

Hace algunos años, Görlitz y Zgorzelec presentaron una candidatura conjunta para ser Capital Cultural Europea en 2010. Después del turismo, la cultura es el segundo sector con más futuro de la región. La situación económica de esta bella ciudad histórica no es precisamente una de las más boyantes. La tasa de paro supera el 22% y la ciudad ostenta el triste récord de pobreza infantil.

El alcalde Michel Wieler es responsable a partes iguales del éxito cultural de la urbe como del fracaso social. Habla del proyecto de capital cultural con entusiasmo. Su afán por la renovación de la ciudad era positivo en principio. “Cuando llegué aquí, me fascinaron las posibilidades por la proximidad con Zgorzelec, nuestra gemela polaca. Pero más tarde comprendí que una situación vista desde un punto de vista histórico y exterior podía ser interpretada de forma muy distinta por los implicados”, explica.

Los habitantes de Görlitz no muestran ningún interés por sus vecinos de Zgorzelec. Ni siquiera después de la ampliación de la UE y de la apertura de los dos puentes de la ciudad en 2004. Tanto es así, que un día el alcalde propuso al consejo municipal compartir la piscina pública de Görlitz para reducir gastos y uno de sus conciudadanos calificó la idea de “fantasía de un alemán del oeste, desarraigado”.

A pesar de esto, Michel Wieler cree firmemente en el poder de la cultura. Para que el proyecto de capital cultural 2010 no acabe ahogado en el fondo del río Neisse, Wieler ha lanzado la iniciativa Kultur 2020. El alcalde está convencido de que el futuro de Görlitz/Zgorzelec, ciudad europea desde 1998, está en el intercambio y la solidaridad. Aunque el día a día no dé fe de ello.