Europa se volverá a reunir pronto. Se tratarán planes de rescate y pactos de competitividad, pero los responsables políticos no abordarán aún el problema central de la crisis del euro: la fragilidad de los bancos europeos.
Marzo debería ser el mes de las decisiones. Los dirigentes europeos tienen ya tres cumbres previstas. La primera tendrá lugar el próximo viernes en Bruselas. Angela Merkel, Nicolas Sarkozy y sus homólogos de los diecisiete países miembros de la zona euro quieren superar la crisis. Se hablará del aumento de los fondos europeos destinados a los países debilitados y de la regulación presupuestaria que los Estados deberán aplicar de ahora en adelante. Sin olvidar el tema favorito de Angela Merkel, el Pacto de Competitividad.
En el menú de los debates sólo faltará un asunto: la fragilidad de los bancos. Los responsables políticos europeos dan la impresión de que esta crisis es, desde hace tiempo, una cuestión de Estado, y en especial de los Estados periféricos de la zona euro, entre ellos Grecia, Portugal e Irlanda.
Pero esa visión no es justa. Se trata de una cuestión que concierne también a los bancos, incluidos los alemanes. Recordemos el rescate de Irlanda el otoño pasado. Europa había forzado a Irlanda a aceptar la protección de Europa. ¿Por qué? Porque, en aquel momento, la canciller alemana sostenía que salvar a Irlanda era salvar el euro. “Para mantener la posición de fuerza del euro tenemos que eliminar cualquier debilidad”.
La crisis ha vuelto a donde empezó: los bancos
Sin embargo, entre los economistas circula una explicación más verosímil: el Gobierno irlandés se había planteado rechazar la ayuda de Europa y pretendía declarar la insolvencia de sus bancos, al borde del abismo por aquel entonces. El resultado hubiera supuesto un duro golpe a los acreedores de los bancos irlandeses, que habrían tenido que renunciar a una parte de su dinero. Los bancos alemanes se habrían visto afectados de lleno. No es de extrañar, por tanto, que la idea suscitara un vivo rechazo en el Consejo Europeo, muy en particular por parte de Alemania.
La crisis ha regresado al lugar en el que empezó: los bancos. Hasta ahora se partía de la idea de que la crisis financiera se había transformado primero en una crisis económica mundial, y después en una crisis de la deuda y de la moneda. Hoy se pone de manifiesto que en el corazón del fenómeno se encuentra una doble crisis bancaria: en países como Irlanda, son los bancos los que han permitido que el Estado se endeudara en unas proporciones igualmente vertiginosas. En países como Alemania, por su parte, la debilidad de los bancos impide que los acreedores del Estado participen en la medida en que deberían en el reembolso de las deudas.
“Una de las razones por las que no se ha dado el paso de reestructurar la deuda en Grecia, o en Irlanda, es que el sector bancario no sería lo suficientemente sólido como para amortiguar las pérdidas que se generarían”, explica Clemens Fuest, experto en finanzas afincado en Oxford. Europa ha decidido que los ciudadanos pagarán la factura y que los bancos saldrán adelante sin daño alguno. Las deudas privadas se convierten así en deudas públicas. Y cuando no baste con el Estado propio, otros Estados vendrán al rescate. Los Estados ricos salvan a los Estados pobres con el dinero que les prestan sus bancos. Un ciclo (monetario) que resulta caro.
Si todo este sistema funciona es únicamente porque los bancos han adquirido un poder increíble en relación a los Estados. “En Irlanda, el rescate del Anglo Irish Bank ha costado el equivalente al 20% del PIB anual”, argumenta Fuest. En España, surgen las dudas sobre el volumen de los créditos de las cajas de ahorros. En efecto, los bienes inmobiliarios que las cajas han contribuido a financiar están viendo como se hunde su valor. “Nadie sabe cuánto acabará costando – señala Fuest – , pero se teme que la suma total represente entre el cinco y el 40% del PIB anual”.
¿Qué ocurre si un país europeo se declara realmente en quiebra?
En cuanto a la situación de los bancos alemanes, se trata probablemente de uno de los secretos mejor guardados. El viernes pasado comenzaron los preparativos con vistas a los nuevos ‘tests de resistencia’, o stress tests. La idea es que dichas pruebas reflejen los riesgos que correrían los bancos en caso de que se produjera otra situación crítica que pudiera afectarles.
No sería mala idea si se llevaran a cabo con el rigor necesario. Hans-Werner Sinn, jefe del instituto de investigación económica (IFO Institut) de Munich, afirma que “unos tests precisos revelarían que todavía hay muchos bancos que deberían hacer limpieza en su cartera de activos”. Sin embargo, los bancos no tienen ningún interés en aceptar pruebas exigentes e influyen en la organización de las mismas. Podrían llegar hasta el chantaje para librarse de ellas: si los tests son demasiado duros, un buen número de bancos no los superará. Las personas que han depositado en ellos sus ahorros retirarán el dinero, los bancos quebrarán y los Estados tendrán que acudir en su ayuda. Es la razón por la que, al parecer, los tests no tendrán en cuenta la eventualidad de un escenario: ¿qué ocurre si un país europeo se declara realmente en quiebra?
En cualquier caso, los irlandeses quieren renegociar su plan de rescate. Según el economista irlandés Edgar Morgenroth, “al aceptar la ayuda europea, Irlanda ha asumido una responsabilidad en nombre de Europa. Por eso, ahora, los demás países miembros deberían proponerle un tipo de interés reducido”. Los irlandeses han salvado vuestros bancos. Ahora os toca a vosotros mostraros agradecidos.