Europa y el Mundo Europa en el Mundo

Revoluciones árabes: Hagan lo que digo, no lo que hago

24 febrero 2011
Frankfurter Rundschau

Ian Knox

Mentirosos, tramposos e incluso inmorales y en muchas ocasiones, irresponsables. Según denuncia el diario Frankfurter Rundschau, los dirigentes europeos actualmente no se encuentran en la posición idónea para hacer que prevalezcan los valores de la UE ante las revueltas del mundo árabe.

La Unión Europea hace un llamamiento para que finalice la violencia en Libia y se inicie un diálogo entre los manifestantes y el Gobierno. Es lo que han declarado los ministros de Exteriores a comienzos de la semana y lo que han repetido los siguientes días tanto la Comisión Europea como Catherine Ashton, responsable de la diplomacia europea, durante su estancia en El Cairo. Todos se muestran unánimes con respecto al fin de la violencia y al inicio del diálogo. Nadie tiene nada que objetar. Es como el progreso, la lucha contra la pedofilia y la honestidad en política: todo el mundo está a favor.

No repetir los mismos errores es un signo de inteligencia. Pero la Unión Europea no es inteligente. Ha apoyado durante demasiado tiempo a una serie de tiranos corruptos, como en Túnez y en Egipto y estos recuerdos se quedarán grabados sobre su piel durante mucho tiempo.

Una impostura digna de la tesis de zu Guttenberg

La Unión Europea se equivoca una vez más con Libia. Habría podido decretar sanciones contra el clan Gadafi desde hace tiempo y expresar su solidaridad con los manifestantes.Pero Italia se opuso a estas medidas. Roma necesita a Libia, pues le sirve tanto de proveedor energético como de muro de contención contra la inmigración. Sin embargo, Alemania, por su parte, no se anda por las ramas y afirma que Gadafi debe dejar el poder. Incluso Francia da muestras ahora de una actitud de firmeza. Pero la política exterior europea sigue siendo una farsa, una impostura digna de la tesis doctoral de Karl-Theodor zu Guttenberg: con mucha presencia y poca sustancia.

Europa debe reconocer que sufre un déficit crónico de credibilidad. La Unión Europea es moralmente corrupta y va en contra de sus principios constantemente. Prueba de ello no sólo ha sido su reacción ante los movimientos de protesta del norte de África, sino también su gestión de los escándalos internos.

Pongámonos por un instante en la piel de un ciudadano del norte de África que siga las noticias europeas en la radio o en Internet. Hace unas semanas, primero habrá escuchado hablar de una tal Michèle Alliot-Marie, ministra francesa de Exteriores que, hasta hace poco, mantenía una relación especialmente estrecha con el entorno de presidente tunecino Ben Ali. En enero incluso llegó a ofrecerle la ayuda de las fuerzas de seguridad francesas para luchar contra los manifestantes que desfilaban por las calles de Túnez. La interesada ya no tienen la menor credibilidad, pero Nicolas Sarkozy no piensa en ningún momento en cesarla. Lo más lamentable es que si Europa trabaja para lograr la estabilización duradera de Túnez, Francia desempeñará una función decisiva.

La escena europea dominada por las maquinaciones egoístas

 Europa ha cometido otros muchos errores que no pueden sino sembrar la duda en el norte de África con respecto al viejo continente. Tenemos al presidente del consejo italiano, Silvio Berlusconi, acusado actualmente de prostitución de menores y de diferentes abusos de poder, pero que se niega a dimitir. ¿Cuál es la reacción de Europa? Ninguna. Durante su próxima cumbre, Merkel, Sarkozy, Cameron y los demás acogerán con los brazos abiertos a su amigo Berlusconi. Sucederá lo mismo con Viktor Orbán, el primer ministro húngaro que quería abolir la libertad de prensa en su país. En el Parlamento Europeo, con esta iniciativa ha logrado…la protección del Partido Popular europeo.

Hace más de un año, cuando el Tratado de Lisboa por fin entraba en vigor tras interminables negociaciones, muchos creían que se iniciaría una nueva era. Creían que Europa sería más contundente, más democrática y que por fin cambiaría de liga en el ámbito internacional.

Hoy, lo único que podemos constatar es lo lejos que se encuentra Europa de todo eso. En algunos de sus países miembros, la democracia se encuentra gravemente amenazada. Siguen dominando en la escena europea una serie de maquinaciones egoístas. Lo único que hace la Unión Europea es pensar en sistemas de protección contra incendios, cuando la casa ya está en llamas. Lo que ha ocurrido con la crisis financiera y la del euro es lo que se está repitiendo con las revoluciones del norte de África. Europa se deteriora sistemáticamente. Ya es hora de que se dé cuenta de ello.