Hungría: La moderna rebelión de Viktor Orbán
1 febrero 2011
Népszabadság
Budapest

"Marcha húngara"
Al enfrentarse al resto de Europa, el primer ministro húngaro enardece la fibra contestataria de sus compatriotas hacia los poderes exteriores. Pero esta actitud no funciona en todos los casos, señala el diario Népszabadság.
Como si fuera un niño travieso, el gobierno de Orbán parece poner a prueba a todos los que le rodean. La sociedad húngara ha soportado todo hasta ahora, pero con Europa es otra historia. ¿Quién hubiera pensado que una ley sobre los medios de comunicación provocaría tal escándalo? ¿Que a los periodistas húngaros les apoyarían en el extranjero y que la prensa francesa, alemana o británica se interesaría por la libertad de prensa húngara? ¿Y que la Comisión Europa pensara realmente analizar el texto?
Somos parte del orden del día en el Parlamento Europeo. Y estamos en buena compañía: los diputados han examinado la situación en Túnez, la violencia contra los cristianos de Oriente Próximo, la situación en Bielorrusia y el funcionamiento de la democracia en Hungría.
Podemos sentirnos ofendidos. Es lo que ha hecho el gobierno. Viktor Orbán, indignado, recusó las "acusaciones realizadas contra Hungría". Y advirtió de entrada que sigue sin comprender a Europa. Su secretario de Estado encargado de la comunicación, que afirmaba que Neelie Kroes tan sólo tenía objeciones técnicas sobre la ley de los medios de comunicación, no quería comprender que la Comisión tenía serias dudas sobre su conformidad con la Carta Europea de los Derechos Fundamentales. Este subterfugio no funciona en la época de Internet y de WikiLeaks. Orbán ha metido la pata con la ley sobre los medios de comunicación y le costará salir del apuro.
Rebeldes contra el capital y los comentaristas occidentales
Sin duda podemos esperar que el asunto se arregle y que Europa tenga otros asuntos de los que ocuparse. Podemos esperar que realicemos un trabajo tan formidable durante nuestra presidencia, que en seis meses todo se haya olvidado o mejor, que incluso nos pedirán perdón.
Pero es mucho más probable que Viktor Orbán haga del asunto un mensaje de orden político interior: al plantar cara a Europa, demuestra que el mundo entero agobia a este pequeño país. Así aviva la fibra kuruc de los húngaros*, que se rebelan contra el capital y los comentaristas políticos occidentales. En estas condiciones, la presidencia será un ejercicio difícil, porque Orbán tendrá que negociar continuamente y llegar a acuerdos.
Qué pena, se lamentan los hombres de la comunicación. No nos importaría nada regular la Unión. Por desgracia, Europa nos vigila.
* Los kuruc eran los insurgentes contra el poder de los Habsburgo, liderados por el príncipe Francisco II Rákóczi, de 1703 a 1711. Para componer su "Marcha húngara", Berlioz se inspiró en una melodía kuruc.