Frente a la represión en Túnez, la UE debería aplicar la misma política de sanciones "inteligentes" que, en 2006, hicieron flaquear parcialmente al régimen del bielorruso Lukashenko, estima el analista José Ignacio Torreblanca.

En diciembre, Aleksandr Lukashenko, el último dictador de Europa, "decidió concederse como regalo de Navidades una fraudulenta victoria electoral del 80%". A comicios anteriores, igualmente manipulados, la Unión Europea respondió con una batería de sanciones "inteligentes" (llamadas así porque no dañan a la población): prohibición de visitar otros países, congelación de activos financieros en el extranjero y medidas de apoyo a la oposición. En aquellas ocasiones, Lukashenko "aflojó la cuerda" y a cambio Bruselas "suspendió las sanciones, ofreció ayuda económica e inició un proceso de deshielo".

José Ignacio Torreblanca, en un artículo de El País, considera que ante el estallido de violencia en Túnez que pone al descubierto el régimen corrupto del "cleptócrata" Ben Ali, Europa debería adoptar medidas similares. La política mediterránea de la UE queda desprestigiada y "se parece cada vez más a la sostenida durante la guerra fría en Centroamérica por Estados Unidos con tan funestas consecuencias". Según el analista, "nuestras políticas de contención del islamismo muy probablemente echarán a la población en manos de los islamistas, que sagazmente se legitiman con una agenda de justicia social y anticorrupción", mientras la ribera sur del Mediterráneo se convierte en "una serie de repúblicas bananeras fieles guardianes de nuestros intereses".